La altitud, aliada del viñedo frente al cambio climático en Rioja y Ribera del Duero
El calentamiento global está reescribiendo el mapa del vino en España. Con veranos más largos y episodios de calor extremo cada vez más frecuentes, las bodegas se ven obligadas a repensar sus viñedos y el estilo de sus vinos. En este nuevo escenario, la altitud emerge como una herramienta decisiva para preservar el equilibrio, la frescura y la calidad.
En una jornada organizada en Madrid por Grupo Barón de Ley, expertos de Coto de Caleruega (D.O. Ribera del Duero) y El Coto de Rioja (D.O.Ca Rioja) analizaron cómo la subida de las temperaturas está cambiando la viticultura y por qué los viñedos en altura se han convertido en una ventaja competitiva.
En Ribera del Duero, Lluís Laso, director técnico de Coto de Caleruega, subrayó un dato clave: a partir de 33 ºC la vid entra en estrés y ralentiza su maduración. El aumento de días que superan ese umbral confirma la presión del clima sobre la zona. Frente a ello, los viñedos situados a mayor altitud se exponen menos a picos térmicos y sostienen ciclos vegetativos más estables.
Este efecto está desplazando el interés hacia enclaves históricamente más fríos. Territorios que antes se consideraban marginales para la maduración hoy ofrecen un desarrollo más equilibrado de la planta y uvas de mayor calidad. La altitud, además de amortiguar las olas de calor, ayuda a conservar acidez y a modular la graduación alcohólica, factores esenciales para vinos finos y longevos.
En Rioja, el diagnóstico es similar. César Fernández, director técnico de El Coto de Rioja, remarcó la centralidad del viñedo en la calidad final del vino y cómo el ascenso térmico empuja a explorar cotas más elevadas. La respuesta estratégica llegó en 2008 con Finca Carbonera, un proyecto pionero para vinos blancos que hoy es referencia en la denominación.
Finca Carbonera se asienta en una finca de más de 500 hectáreas, con 180 plantadas de viñedo, entre 737 y 997 metros sobre el nivel del mar: el viñedo a mayor altitud de toda la D.O.Ca Rioja. Su clima continental y los suelos pedregosos, con gran capacidad de drenaje, favorecen una maduración más pausada y precisa, preservando la frescura aromática y la tensión en boca.
En un contexto de calentamiento, esa frescura no es un capricho estilístico: es la base para mantener identidad, equilibrio y potencial gastronómico, especialmente en blancos. El Coto de Rioja ha convertido así la altitud en un pilar de adaptación climática, consolidando Finca Carbonera como un laboratorio a cielo abierto de viticultura de precisión.
La confluencia de aprendizajes entre Ribera del Duero y Rioja dibuja una tendencia clara en el sector: subir en el mapa para sostener la calidad. No se trata solo de ganar metros, sino de leer mejor cada parcela, ajustar portainjertos y manejos, y vendimiar con precisión para capturar el punto óptimo de madurez.
La altitud aporta noches más frescas, menor estrés térmico en los picos de verano y un ritmo de maduración que respeta la complejidad varietal. Combinada con suelos bien drenados y una viticultura atenta, se convierte en una vía robusta para elaborar vinos equilibrados, vibrantes y con futuro.
Para Grupo Barón de Ley, el viñedo propio es la primera fuente de calidad y el eje desde el que responder a este desafío climático. Su presencia en denominaciones clave y proyectos como Finca Carbonera muestran que adaptación y ambición pueden ir de la mano.
En definitiva, la altura no es solo un dato de altímetro: es una estrategia. Mientras el clima empuja, los viñedos de cota elevada ofrecen una oportunidad tangible para proteger la frescura, el carácter y la excelencia que distinguen a Rioja y Ribera del Duero hoy y mañana.
Para más información, visitad su página web: Grupo Barón de Ley
Parte del texto e imagen han sido extraídos del dossier enviado por la agencia de comunicación.
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